miércoles, 18 de octubre de 2017

MARIPOSARIO. TERCERA PARTE






51

Orlan a los bosques los colores
los aromas tendidos sobre la estepa
aún esperan. 

El anís rebosa la piel
la albahaca en algún rincón florece
y en la noche el jazmín
trepa impetuoso
al final
un poco de delirio apremia.



52

Yerta por el frío
palidece bajo el barranco
busca la forma de regresar
y llevarse consigo
el alma que perdió
aquella noche de danzas épicas:
la que llora.





53

Las manoplas y los escarpines
quedan inertes en la habitación
la cuna quedará vacía
hasta la otra llegada.


54

Disueltos los sabores
los aromas detenidos
y el viento que me recuerda
los alimentos de la abuela
cocidos bajo la sombra
del amor eterno.


55

Escucho para siempres
entre flores que se funden
en los adioses menos esperados
a rastras por el mundo
de la mano con las raíces
que se aferran a la tierra.





56

Me declaro
sobreviviente de mis quejas
atajos y tormentas
el viento herido
el alma empañada
con tantas pérdidas.

Me declaro sobreviviente
de la vida.

57
Encuentro belleza en lo imperfecto
en las sombras desgarradas
y en los pequeños naufragios,
la plenitud me aturde.


58

Llevo el amor holgado como mi blusa
y ajustado como la esperanza.




Tomado de: MARIPOSARIO
REGISTRADO CONFORME A LA LEY
Claudia Patricia Arbeláez Henao
Colombia

domingo, 8 de octubre de 2017

MARIPOSARIO. SEGUNDA PARTE






16


Del grifo, la sangre
como el agua cada mañana


17


Pásame tu luz a través del espejo
y este se romperá.


18



No esperes tocar la puerta cuando me haya ido
atravesar el cerrojo una vez cambie  de lugar
no me pidas un tiempo
que no tengo.


19


Pulverizar en el caldero todas las miserias
es el camino
saldrán los engendros mezclados en la humareda
los grimorios han guardado el secreto por siempre
pero  al caer la noche
convertidos en un yacimiento de sonetos
se develará la verdad.


20


Tus pies y manos se engarzan
se esconden
se escurren
como lágrimas de cristal
entre mi cuerpo.



 21



Deforestando mis bosques
mi cuerpo en torrente
insalvable espera.


22


Nubes arreboladas
colgando en tropel
yo, mirándolas desde la distancia
en un suspiro eterno.


23


Esa puesta del sol
después de la tormenta
me quiebra
conmovida,
tendida en el sofá
espero.

24



En un sobre tu recuerdo
muda de piel
después de tanta nostalgia disgregada
ya no pesa la vida.




25


Con tus pisadas
podré esquivar las fronteras
derribarlas.


26


Iletrada me descubres
y me llenas con tus signos incomprendidos
los memorizo y los hago tiempo
en mis entrañas.

27


Trasmutar dilemas
derrumbar fronteras
cautivos en tantos preceptos
buscando la mortaja perfecta
para llevar tantos años a cuestas
duelos insalvables
y una sed que no se cura.


28


Venceré a los dragones
y los demonios tendrán que marchar
a otro cuerpo
cuando descubran el olor de mi venganza.



29


Áridas planicies
ya no las mismas de antes
fisuras como venas salpicantes
extendidas sobre la piel.


30



Mantas y vasijas llenas de endriagos
prisiones
huraños a veces
por tanta condena.


31



Asoman por mis ojos
retazos de arraigos
los enjuago
y con ellos lavo el barro
en mi cara.



32


Tengo una jaula en  mi pecho
ilusoriamente clavada
una fatigosa espera
hecha desgarradura
allí guardo las estampas desmadejadas
de mis vuelos.


33


Aún el respiro mutuo
entregado a medio labio
intacto lo conservo.


34


Cruza los huesos sobre la alfombra
sigue la luz que se cierne insumisa
a través de la ventana
conjura la noche
repite su nombre
hasta que salga humo de tus manos
y abrásalo.


35


Tu voz entre florescencias
deshojando en mi libro
la vida.




36

Hazme un baño de letras como ritual
macera los versos
extiende los sonidos que añejaste
sobre mi dorso
adoba los recuerdos manifiestos
te harás huésped en cada célula
y nunca se desprenderá tu luz de mi piel
aunque muera la vida.



37



Plena de naufragios, jirones y aventuras
deslindando mis  muros
tajando los miembros de mi cuerpo
poniéndolos uno a uno sobre la hoguera
hasta que se hagan ceniza
para luego invocar a los dioses del viento
y que se lleven lo que queda después
de la venerada  ventisca.




38



El espantapájaros en los linderos de mis valles
hace que el olor escurrido de las flores no se acerque
confunde las aves y su vuelo
con el aroma crestado de mis grandes amores.



39

Silencios pendencieros
desvalijados uno a uno
soberbios
tendidos sobre mi garganta.



40



Con un llamado impasible devoras mi respiro
tu proximidad limpia mi mano extendida
disuelves mis dudas
y acomodado en la periferia de mi silencio
te haces canto.




41


Las lágrimas de un saxo
encallado en la arena
lamen la piel
de quien camina sin rumbo
y se hace eco.


42


Memoria del alma como halo azul
recordando tus pisadas
a la vera de mi cordura
son suficientes para
amparar mi grito de mujer.


43


Hazme la vida
que de la muerte
se encarga el tiempo.


44

Un sarcófago de viento
para eternizar las palabras
que se hacen vida
y llevarlas conmigo
a la eternidad.


45


Gélida la risa que se prolonga en el tiempo
cuando el motivo de cada espera
se hace puñal.



46



Arañando el espíritu
entre espinares y zarzales
que nacen de tu cuerpo desangrado.



47


Se anidan  de la mano del junco
las trenzas de los días
que se hacen navajas
para rasgar el tiempo.




48

Poesía vegetal
de raíces y colores
aromas y embelecos
en los brazos de natura,
ella quien me habita
me somete
y aquieta mi espíritu mundano.



Las flores y los helechos
la madreselva en pleno
los cafetales pasados por el hervor
de la inquieta mañana
los arreboles cristalizados
los nidos y los pájaros
el barro, la arena y la tierra mojada por la lluvia
la hierba fresca
el alfeizar,  el roble y la casita en el árbol.

Poética de los cielos,  mares,
espolones  y  vientos
de espíritus elementales
horizontes en naranjas
azules infinitos, macizos
playones faroleados en la noche
frailejones y pinos.

Vaporosas mañanas
subiendo a tientas el destino
la puesta del sol
los múltiples ocres
el arcoíris
y el cielo de los venados
versado por mi madre
cuando era niña.

Las dunas, los Alpes y los ríos
desde los miles ojos
las cañadas y cascadas
manglares y ciénagas
crepúsculos, trinos
jinetes tocando las nubes
desde la cima de la montaña. 

Poética de los olores
el romero, el cidrón,  el eucalipto
y  el aroma de las plantas
que aromatizan los vuelos.

Los perfumes de lavanda
el jazmín pasado por lluvia
rosas, laureles,  limonares
y trepadoras de tantas infancias.

Poesía de los sabores
de las moras silvestres en almíbar
las naranjas, la comida casera
y las guayabas. 

Poesía del sentir,  de la piel
de cada encuentro y la voz en verdes
que nace en el abrir y cerrar del día
en el caminar de  hombres y mujeres
de cientos de pueblos lejanos
emulando el sueño de los dioses.

Poesía de los sonidos
el choque de las olas
la danza de las palmeras
la lira alada que canta
desde su nido
los bichos y almas ancestrales
que se hamacan entre los bosques
y desde las entrañas
tararean sus rezos y alabanzas
ese tamborear del viento
y los eternos golpeteos de natura
bautizados con nuestros nombres
en cada rincón de la tierra.




49


Este amor que me puebla
rema entre mis olas
recaba mis entrañas
y se esconde en mis robledales.

Este amor que soy yo
necesidad y osadía
con una flor
en el borde de mi madriguera
que se encrespa
con la suave caricia.

Este amor que me puebla.


50


En medio de la majada
como fortaleza boscosa
levitando el tiempo
dormitando las sombras,
hay sendas nuevas
la danza de las libélulas
es la promesa.


Tomados de: MARIPOSARIO
Registrado conforme a la ley
Claudia Patricia Arbeláez Henao
Colombia