REENCUENTRO
Pasaba las tardes bajo un florido árbol de siete cueros, depositando su adultez sobre la grama, escribiendo como una forma de expiar sus culpas, siguiendo sigilosamente el crujir de las hojas secas; presintiendo la caída del sol una vez más. Allí estaba como otros días, llenando las manos de historias aromáticas y diversas para no sentir la vergüenza de caminar por el mundo con las manos totalmente deshabitadas. Una de aquellas tardes cuando trataba de memorizar los colores del aire, descubrió que se había extraviado. ¡Pobre hombre! Se entretuvo tanto que perdió el sentido del tiempo, se puso de pie de prisa y se buscó cerca al arroyo, detrás del junco, en el atado de leña, pero no se encontró. Seguramente se había perdido en el matiz de un pensamiento y por caminar tan distraído no lo había notado. Continuó su búsqueda incansable y al no tener siquiera una huella reveladora ...