sábado, 28 de noviembre de 2015

A MANERA DE INVITACIÓN. Tercera parte. (Para quienes amamos la literatura y queremos que sea amada por nuestros niños)







No podemos desconocer el perfume del encanto y renunciar a las frases que se juntan bajo un árbol de dudas y alegrías.  Es oportuno enderezar nuestra mirada y volver a las hadas, los duendes, los hombres de la selva y de los montes hombres que se posan junto a las ventanas, princesas de tiempos lejanos que visitan nuestros cuartos y príncipes que vienen con los labios frescos para besar la tarde.

Todo es posible porque desde pequeños y por siempre hemos sabido de las manzanas, los cabellos dorados, las noches tormentosas, los espejos que hablan, los seres del bosque y las zapatillas luminosas.  Es hora de recobrar el mejor sabor, las mieles de la niñez, el maravillarse sin miedo, sin que sea tarde.

Este, amigo mío, es un llamado a la lectura de pasajes hasta ahora irreconocidos, abandonados abruptamente en hojas sueltas y olvidadas, revivir los encuentros de otros días, pintar de nuevo castillos y explorar mares, vestir los trajes con lentejuelas y canutillos, morder aquella manzana y quedar dormidos sobre la estepa.

No hay que alterar el brillo original de las estrellas, cegando los ojos ligeros de nuestros niños y jóvenes para evitar que aprecien la profundidad del universo, negando al mismo tiempo la caricia de una buena lectura, un libro profético o una historia fructífera, para así enriquecer la experiencia humana.  Es el momento para abrirnos y crear discursos de amor y lúdica  para nuestros pequeños y audaces lectores y entre tanto, se hagan mejores seres humanos.

Esta es una invitación al disfrute de lo poco, de lo mucho, de los cuentos que abogan por nuevos capítulos de un libro abierto y ponderoso, lleno de sabiduría y expresión creativa;  una invitación a la exploración de nuevos lenguajes conforme a los deseos de nuevas y antiguas generaciones.

Releamos esta historia de guerreros, defensores de la tierra prometida, bienhechores, sembradores constantes y granjeros en el campo de las palabras, que con sus manos grandes, virtuosas y llenas de alfabetos dan a luz frescos cantares,  hombres y mujeres que se deshacen entre lenguas, versos y enigmas para secundar sus acciones y mudanzas.

El primer paso es creer, ser amigos de los libros para formar niños y jóvenes amigos de la lectura y recrearnos en el devenir de la historia, disfrutando del espacio y el tiempo.  Cuando descubramos el trasfondo en cada ofrenda guardada entre líneas y vivenciemos la palabra como obra y regalo para unir culturas alienadas y paraísos extraviados, nuestros niños creerán lo que decimos.

De otra parte, es necesario que en el mundo se rediseñen los senderos que conducen hacia la libertad, comprender que nuestros muchachos desde muy pequeños, hacen una lectura de su historia personal y la de sus primeros amores; retoñan a pasos agigantados y participan de un juego que se traza desde la invención de normas, placeres y añoranzas, hasta la formación de criterios frente a la sociedad y la saciedad.  Todo esto hace que se hagan merecedores de un patrimonio universal.  Niños que llegan a la escuela haciendo una interpretación de los acontecimientos y cataclismos que deambulan frente a sus ojos y sin embargo, son tratados como si no supieran deletrear los sueños que desde pequeños han arrullado.

Abrazamos pequeños seres que se interrogan y reclaman un momento para la divergencia, el diálogo y la ensoñación; jóvenes que hacen una lectura clara de los hechos y el azar.  Llegan a nuestros colegios niños visionarios, futuristas y grandes lectores.  Vienen a nosotros pequeños que han leído en el cuaderno de la desazón, el abandono, el hambre, la soledad y el rencor, en los cuales se ha escrito la miseria de algunos hombres, el olvido y el desconocimiento de su sangre.  Son estas lecturas las que debemos tener en cuenta antes de abrir otros libros.



Tomado de: A MANERA DE INVITACIÓN. CUENTOS Y OTROS ENSUEÑOS
Claudia Patricia Arbeláez Henao
Colombia

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