sábado, 20 de febrero de 2016

MELODÍA Y LOS CUENTOS (AMELIA Y EL AMOR)


MELODÍA Y LOS CUENTOS
(AMELIA Y EL AMOR)

PARA NIÑOS Y ADULTOS


Había una vez muchos cuentos y fábulas que vivían 
cómodamente en un libro gigante de pasta dura y colorida, 
lleno de letras grandes y pequeñas, imágenes de todos 
los colores y voces de seres animados e inanimados, 
de antes y después. 

Un día Amelia tomó en sus manos su maravilloso libro y  
fue al jardín a leer un rato, mientras hojeaba distraída, 
robaba miradas al viejo estanque, de donde provenían ranas, 
sapos y otros animalitos.

A Amelia le gustaba mucho aquel lugar 
aunque fuera algo húmedo y frío y siempre lo visitaba, 
aquella mañana no fue la excepción, así que quiso 
leer junto al estanque.

Amelia abrió la primera página y encontró un hermoso delfín,
su cuerpo se vestía de un color rosa.  
El animal marino parecía jugar y divertirse
entre las páginas de aquel libro y eran tan estremecedores 
sus saltos, que logró chapucear la cara de Amelia 
mientras reía de emoción.

En la página siguiente la niña encontró un 
gigante jugando con unos niños alrededor de una fuente.  
Los pajaritos se acercaban sin miedo porque este gigante 
era amoroso y simpático, tenía sus bolsillos 
llenos de dulces y chocolates y con esto se ganaba 
el cariño de sus acompañantes.

En otra de las páginas había una canción, 
las notas musicales salían y recorrían las hojas 
del libro y todos los cuentos dejaban sus quehaceres 
para escuchar aquel concierto.  Los personajes bailaban 
y Amelia daba vueltas y vueltas hasta que la música con 
la última hoja llegaba a su fin.

Amelia  seguía recorriendo las páginas de su libro, 
cuando de pronto, encontró una niña que cantaba.
Todos los seres de la tierra y el cielo, 
se detenían para escuchar la voz de Melodía.  
Allí aparecía ella con un vestido hecho de pétalos de rosas            amarillas y blancas, con un olor que llegaba a todos 
los cuentos y no había quien se resistiera a su aroma.


Amelia permanecía junto al estanque escuchando 
las bellas canciones de Melodía, canciones del mar, 
canciones del firmamento, del amor, de las gaviotas 
y los peces. Melodía volaba entre palabras y palabras 
y cantaba versos y sonetos y cuentos.  
Era un mundo que sólo podía existir en el libro de Amelia, 
porque era realmente mágico, allí todo era alegría, 
paz y algunos  peces plateados y dorados salían del 
agua para colarse en el vestido de Melodía hasta llegar 
al de Amelia.

Amelia estaba muy entretenida escuchando las canciones 
de Melodía y hubiera querido ser cuento, flor o 
palabra para vivir allí, donde nadie pudiera sacarla, 
sin embargo una gran tristeza la sacudió cuando en un 
descuido su libro se fue al agua.

La niña intentó recogerlo pero fue imposible.  
Se arrodilló y se acercó al estanque tratando 
de sacar su libro mágico, pero fue inútil.  
Mucho mayor fue su dolor cuando escuchó 
los lamentos de todos los cuentos, niños, 
animales, árboles, flores, fantasmas, 
grillos y demás habitantes de aquellas historias 
y fábulas que clamaban ayuda.

La voz de Melodía se apagó, ya no se escuchaba su canción, 
su vestido de pétalos de rosas se había deshilachado 
y flotaban por todo el estanque.  Los aromas se iban, 
todos los personajes se desprendían de las hojas y 
las palabras se ahogaban. 

Amelia seguía desesperada buscando la forma de 
sacar su libro, corría dando vuelta al estanque 
y no sabía cómo salvar a sus amigos.

De repente el padre de Amelia cruzó el jardín y viendo 
a su pequeña hija tan desesperada quiso ayudarla, 
se metió al estanque para salvar las hojas que 
se perdían en él.  Amelia indicaba a su papá 
el lugar donde estaban las palabras, las canciones, 
las notas, las casas, las flores y todos los cuentos 
y con la voz entrecortada guiaba sus manos.

Pasadas unas horas, el papá de Amelia pudo sacar 
todas las hojas, las letras, los sonidos, los colores, 
los olores y los dibujos que parecían morir entre las aguas.            Juntos tendieron sobre la grama las hojas mojadas, 
juntaron los pétalos de rosas e hicieron de nuevo 
el vestido de Melodía, cuando de pronto descubrieron 
que la niña que cantaba aún estaba sumergida en el estanque,  
así que volvieron a buscar. El delfín se sumergió varias
veces,los peces fueron a su auxilio pero no encontraron nada.

Amelia comenzó a llorar al ver que Melodía no aparecía, 
pero su padre la tranquilizó y le explicó que 
debían salvar el resto de cuentos.  Entonces  continuaron 
secando las hojas al sol, retocando los dibujos con 
tintas de muchos colores, juntando las letras y 
formando palabras, luego frases y poemas.  
Las imágenes tomaban vida poco a poco, pero
Amelia seguía muy triste recordando a Melodía, 
la niña que cantaba.  Sus lágrimas se regaban 
una a una sobre el estanque, haciendo ondas de 
color tristeza.

Amelia y su padre pudieron rescatar el libro, 
pero como ya el tiempo pasaba y estaba muy tarde,  
tuvieron que volver a casa.  A pesar de todo la niña 
lloraba y lloraba incansablemente.  El padre nunca se 
imaginó que Amelia pudiera querer tanto su libro de cuentos 
     y sobre todo a Melodía y le prometió un nuevo libro, 
una muñeca que hablaba y una pequeña casa en el jardín, 
pero a Amelia poco le importaba y sólo quería ver a 
la niña que cantaba.

Después de tanto llorar la pequeña se quedó dormida 
sobre las piernas de su papá. La noche seguía enfriando 
y no había pasado un minuto aún, cuando Amelia empezó a 
escuchar una hermosa voz.  La niña se levantó y 
miró a su padre medio asustada, de inmediato 
supieron de dónde provenía la voz, caminaron hasta 
una gran silla, allí reposaba el pantalón mojado 
del buen hombre y en el bolsillo, permanecía 
atascada la pobre Melodía, desnuda y tiritando de frío.

Amelia sonrió, sacó a Melodía del tenebroso bolsillo 
con ayuda de su padre, la vistió de flores y mientras seguía            cantando, la puso en aquella hoja de papel que permanecía 
vacía y esperándola.  
El libro se estremeció y todos los habitantes sonrieron. 

Desde entonces Amelia lleva su libro a todas partes, 
tiene cuidado y no se acerca al estanque.  
Su padre cada noche le lee una nueva historia y 
la pequeña se queda dormida entre leyendas de amor, 
poemas y letras, soñando que es un pájaro que cruza 
el cielo con sus grandes alas, mientras 
Melodía susurra al padre una que otra canción para dormir. 

        Tomado de: CUENTOS Y OTROS ENSUEÑOS
        Claudia Patricia Arbeláez Henao
        Colombia


2 comentarios:

  1. Publicar para niños es crear la semilla del mundo de mañana. Bella labor

    ResponderEliminar
  2. Este relato infantil siembra en los padres el amor por la lectura y el dialogo con los hijos. Felicitaciones

    ResponderEliminar