sábado, 29 de abril de 2017

EL ENCANTO DE LA LECTURA





Un niño que ha disfrutado de las mieles de la tradición oral en todo su esplendor,  buscará por sí mismo a su tiempo,  el canto escondido entre hojas de papel para memorizarlas y también recitar a viva voz sus deseos sin contemplación.

Si la lectura es la posibilidad de acceder a mundos de  fantasía al igual que la escritura al momento de plasmar el alboroto, ambas a su manera,  la poesía  nos permite enriquecer nuestra mirada lúdica frente al mundo, es un acto que va más allá de toda puerta que se abre, un camino, un abrazo que nos ayuda a apropiarnos de la vida, un viaje, una forma de universalizarnos y de reconocernos.  Crecí amasando las palabras, inventando estrategias para decir lo que sentía de formas diferentes; explorando tanto como la imaginación me lo permitía y fue así como aprendí, que ella, la imaginación es la suma de peldaños, parpadeos, camino de regocijo donde es posible desligarse de la existencia o enredarla en hilos de magia.

Allí mismo descubrí que la fantasía es un territorio poblado de universos posibles a la luz de nuestra libertad. Es el mejor lugar para nacer a la vida, el más seguro para permanecer y el mejor espacio para habitar libres y al amaño de nuestros sueños; uno de esos  pueblos donde estamos a salvo.

Hay una realidad a la cual debemos atender cada día, una realidad vertiginosa, cambiante, a veces frívola y mordaz. Hay un mundo del cual hacemos parte, donde feriamos el destino, nos hacemos sombra o luz; un espacio donde nos hacemos camino y renacemos con una nueva invitación cada día. Pero podemos acudir a la fantasía como producto de un acto o suma de actos imaginarios, a partir del querer, de la ausencia de vitalidad que tiene lo concreto en algunas ocasiones o por el simple deseo de vivir el proceso de crear imágenes mentales y sensitivas subyacentes a la realidad, representar mapas posibles,  vivir el pensamiento desde el ingenio, proponer el ordenamiento del mundo a gusto propio,  ir más allá del canto que define al ser  y viajar a lo profundo del espíritu rebelde sin cortapisas.

Hay otro universo que se nos da a través del arte, la aventura, el sendero literario y la comunicación a viva voz, las proezas, los titanes, los sueños de las gorgonas, el poder de las arpías, la mirada de los linces y dragones;  sobrenatural o no, es un respiro que permite al hombre redefinirse, no hay juzgamientos y ni jamases,  sólo uno decide si entrar y poblar sus jardines, salir o hacerlo suyo aunque las visitas duren un sueño.

Es en los libros donde se inmortalizan las leyendas, los cuentos y relatos de mil épocas. Es en el regalo de la escritura donde descansan las historias, acertijos y hechizos de antiguas guerras, los cantos de tantos lugares entrañables,  donde es posible beberse lo improbable.

En los libros reposa una reserva de información a la que recurrimos en el momento indicado y se nos provee de conocimiento a granel. En los registros escriturales acampa la historia que rodea a la humanidad y pasa a ser fuente viva de liberación.

Me asombro cada día más al entender que la palabra es la voz del alma.  Haré énfasis en esa palabra que lleva al despojo o esa desnudez que se posibilita a través de ella;  la poesía  evita el adormecimiento de la piel y la sordidez de algunas almas.

La palabra como poética del encuentro se hace preludio, los muchos respiros se guardan bajo la piel para no ser olvidados después de que baje la marea.

Acompañar  cada alumbramiento a través de un poema y celebrar las palabras que tumbarán murallas y harán el milagro entre trompetas, es la vida en manantial. Procreamos  retoños de vidas, azares y devenires que nos pertenecen desde el origen de los tiempos aunque nunca sepamos donde hemos de terminar el camino, en la medida de lo posible.

Tomado de: A VIVA VOZ
Claudia Patricia Arbeláez Henao
Colombia


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