martes, 30 de septiembre de 2014

TAREA ESCOLAR


TAREA ESCOLAR

 

Hace un par de años tal vez, a mi hijo le pidieron como de costumbre que hiciera un dibujo en  su maravilloso y brillante cuaderno. Quise dejarlo solo un rato y cuando regresé pude ver una imagen muy llamativa, algunas personas, un carro y pequeños detalles que decoraban la pequeña hoja.

Lo felicité por su talento y terminé con una par de halagos mientras regresaba a mi actividad.

Pasaron unos minutos y  decidí regresar al lugar de trabajo del dibujante y cuando lo hice, el colorido dibujo había desaparecido y ante mis ojos se mostró una hoja vestida de color negro de principio a fin. Sorprendida y un poco alterada pregunté qué había pasado y dónde estaba su tarea escolar, a lo cual respondió: _ ahí está.

De nuevo llamé su atención _ ¿dónde está el dibujo que hiciste hace un rato? Con tranquilidad absoluta me respondió: _ mamá, ahí está, lo que pasa es que es de noche, no se ve nada, todo está oscuro mamá.

Guardé un incómodo silencio, lo miré arrepentida por la forma como había reaccionado y le pedí que me explicara lo que estaba pasando.

Así fue,  me  aclaró que cómo era de noche, pasó su color negro encima del dibujo para que pareciera más real.  Me angustié un poco pensando  en lo que su profesora iba a decir  acerca del dibujo y traté de explicarle lo inexplicable, le dije que tal vez ella se molestaría al ver esto y que posiblemente iba a pensar que no había trabajado.

De nuevo me tranquilizó, estaba decidido. _ mamá, para que la profe no crea que lo único que hice fue colorear de negro esta hoja, hice el dibujo debajo para que ella vea que sí trabajé mucho y   así  podré sorprenderla.

No tuve más remedio que abrazarlo muy fuerte, era una enseñanza más que me proporcionaba mi hijo en medio de su inocencia,  solo le hice una última recomendación, le pedí que le explicara a su profesora la temática de la tarea, pues temía que si sacaba una mala nota se iba a sentir muy frustrado.

Ahora que lo pienso, creo que la maestra de esa época era muy cariñosa, creativa y escuchaba a sus niños, no sé por qué mi angustia, seguro ella era más perceptiva que yo y sin necesidad de mis recomendaciones, ella lo hubiera comprendido todo.

Ese día descubrí que mi hijo era muy talentoso y que aunque sus dibujos no respondieran a la estética tradicional, estaban cargados de historia y eso los hacía especiales. Hoy a sus ocho años sigue pintando, a veces lo hace bien, otras veces lo hace mejor y algunos días simplemente no quiere y se limita a ser responsable. No puedo decir que será pintor, dibujante o diseñador y la verdad no me preocupa pensar en eso, tan solo quiero que sea feliz pinte o no pinte.

Escuchar a nuestros niños es más que una tarea, es un acto de amor y de fe. Sentarnos para escuchar lo que  tienen que decir y profetizar debería ser una promesa diaria, permanente y eterna.
Los niños tienen toda la sabiduría necesaria para vivir,  son la creatividad hecha madre, la imaginación hecho camino y la fantasía una forma de estar y permanecer.
Un grupo de niños no es más que un laboratorio de sueños y un universo de amor.
 
 
 

 

 

 

 

 

 Tener un hijo me ha despertado una sensibilidad que desconocía, he aprendido mucho a su lado, he crecido como mujer y madre, he mejorado en mi calidad de docente y me he hecho mejor ser humano; eso creo. Insisto en que todo circulo científico,  debería tener muchos niños a su lado,  los niños preguntan, tienen respuestas claras y determinantes, no temen expresar lo que piensan porque no conocen el alcance de un juzgamiento, son directos, honestos y no conocen el límite de los sueños.

Los niños en casa transforman nuestra percepción de las cosas, nos prestan sus alas para volar,  creen en ellos mismos más de lo que un adulto puede creer, tienen fe en lo que hacen y sus argumentos son inquebrantables.

Tomado de: COSAS DE NIÑOS  (CONVERSACIONES GENUINAS)

Claudia Patricia Arbeláez Henao. Docente en ejercicio.  (Ciudad Santiago de Arma. Rionegro- Ant.) Colombia.

 

 

 

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