miércoles, 19 de agosto de 2015

EN SILENCIO


A mi edad lo he vivido todo
pero de tus noches
solo reconozco el color que nos separa.
La humedad me descubre mujer una vez más
cuando te arranco
para que vengas
pero desconoces la fuerza de mi llamado
no lo adviertes,
sigues inquietando mis tardes
y me provocas a beber tus sueños
tan distante
tan ajeno.

No intuyes el alcance de mi  plateada presencia
aunque te dueles con mis quebrantos
y me prestas tus vientre para mucho llorar.
Presa de tantos vicios
de lo cierto y lo incierto
de aquellos momentos de incertidumbre
que abren las puertas de un nuevo amor.

Una vieja esperanza se detuvo
en el tic tac que cuelga de la pared
viaje del cual parece imposible regresar.

Tu voz perturba mi esperanza
la luz que brota de tus ojos hace demoledor mi juego
forcejeo con las palabras sugerentes y emotivas que se desbordan
aunque no para mí.

Dadivosa mirada que me esclaviza.

A mi edad
la misma
pero con más heridas
marcada por la culpa
por un pecado
en un abismo insondable.

Sentir que a mi años
ha fallado el destino
que el camino elegido un día
es ahora la cara oscura.

Tratando de justificar mi desvío
buscando razones en las ausencias del elegido
hombre que se amó
y deja ahora una vez más
espacios para la duda.

Cuánto pesa este atardecer a veces inmóvil
árido, que busca el arroyo justo para refrescarse
el pasto en el cual extender el abrazo
el junco para esconder el rostro después de amar
crepúsculo para eternizar las líneas que se forman en mi cara.

He pasado el tiempo tratando de inventar nuevas estrategias 
para enamorar una vez más al  elegido
una a una
estrategia de amor
estrategia de perdón
de tanto querer
de tanto esperar.

¿Quién cobrará mi deuda?

A final, se vive en sueño de quimera
hago repetidas pausas con el pretexto de volar, me permito soñar saqueando el baúl secreto donde descansa el olor de tu cabello y regreso como si nada para preguntarme frente al espejo si será en vano tanto delirio.
Sigo desgastando  lo que queda de mi sensatez, echando a perder mis días tras las dunas de mi existencia para disimular mis arrebatos pero el viento me delata  y aunque  apele a mis razones, no será suficiente con mostrar uno a uno mis abrojos, suplicios  y penas.
No hay visos de un perdón mientras siga amasando  la gloria de tus palabras.

Tomado de: A PULSO DE MUJER


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