miércoles, 19 de agosto de 2015

ESTRATEGIA

ESTRATEGIA

Puedo pedir al cuerpo
que no diga,
no haga,
no bese
pero al alma…
¿Qué se puede pedir al alma  cuando una dulce presencia nos sorprende con su azul aroma?

Necesito entonteces el lenguaje para ocultarme
desbordarme sin promesas  
tan solo ver el día que nace  y la noche que regresa incansable  
para recordarme insistente  que no tengo el permiso para soltarme
y aunque mi cuerpo se debilita minuto a minuto  
no hay más que una posibilidad,
amarrarme a tu abrazo que un instante parece infinito;
eterna fantasía.

Y al final, cuando las horas se agoten estaré limpia,
habré encontrado el sosiego.

Escribir tan lento y ancho poema es tan solo una estrategia,
con él quiero detener gota a gota el tiempo para que no se acabe
y así en cada pausa escurrirme en tu vientre etéreo;
débil cuerpo dispuesto a la guerra.

Te haces cascada para purificar mi figura,
me haces lienzo y me pierdo en un color que perpetúa esta fuerte plegaria;  
así  te canto  sin que nadie lo note,
escondo tus promesas entre líneas secretas
y con todo esto  cuando nazcan las preguntas podré decir:
es tan solo un poema que escribí.

Y te imagino brotando de la nada como si fueras todo,
pido en un total abrazo perderme en tu aliento y a hurtadillas ir hasta tu cuello para besarlo hasta gastarme,
meterme  en tu piel aunque sea por un momento sin sonrojarme
así distraer el día que nace
hacerme cometa para  volar aún atada a la tierra
y volver sin perder el rumbo.

Y eres luz  atrapada en mi espalda
rayo atravesando cada uno de mis pechos.

Ahora que todo está dicho
me despojo de vejeces
siento la calidez en el  crepúsculo cuando  dice que es posible  reconocer  desde la distancia, tu suave respiración,
tu corazón latiendo al paso del tiempo,  
tu faro altivo cabalgando  lento hasta explotar  como un volcán
sobre la cima de aquel centro donde nace Venus
para beberse el pudor  hasta perder el juicio.

Una y otra vez nacerá  la caricia cadenciosa haciéndose baile.

Es así como se puede palpar sin miedo y vivir a escondidas libres de presagios
intocable,
imperdonable,
a veces inasible
imborrable

Soy trigo ajeno y aunque en mi campo
no se despliegan aromas de libertad
ni se multiplican los granos al retozar  de un sueño,
temo que  allí estaré, firme, inconsolable
mujer de este siglo y del otro,
atrapada por una culpa
queriendo como sal de mar en otra isla.

Y puedo ver más allá de tu imagen
riachuelo que salpica mi espíritu errante;
busco perdonarme por un pecado que arrastra, 
me persigue para que caiga
ataca aún sin haber nacido
porque la bruma que se pone entre los ojos y la  piel
no ha permitido que flote en tus aguas.

Sigues allí
perturbando mi memoria
mis días
mis noches traviesas en otro aliento.

Sigo quieta
Seguimos inquietas
sin poder hablar
sin poder anclar
con un broche desangrando nuestras bocas para no cantar
y somos  Marías Flores Soles
Lunas  Margaritas  Emperatrices Amalias
Cristinas Luceros Amandas Analías

Escondidas como crisálidas
amando
esclavas de una aurora que no existe
plebeyas, callejeras,  ligeras
princesas
tras las ventanas
asomando los ojos porque el cuerpo se ha quedado atascado en cualquier prisión.

El sol sigue  naciendo cada mañana
aunque para ellas,
para nosotras,
para ustedes
la noche siga su curso y el espíritu haya quedado enredado en un extraño colchón
donde el satín refresca como la  lluvia y es posible olvidar tanto cansancio;
allí donde se sueña a cada rato con una figura de mago atascado en las piernas haciéndose luz.

¿Por qué callamos?
Carolinas,  Esperanzas, Auroras
Berenices, Andreas,   
¿Acaso nuestro grito aturde tanto?

¿Y tú que sueñas por qué te aquietas?

Mueve tu cintura al compás de una canción que palpita lenta esperando la llegada.
No temas mudar de piel  ante los ojos del nuevo amado
no olvides cómo soltar tus bragas al calor de un nuevo sol
deja deslizar sobre tus aladas caderas aquel ropaje que cubre tus penas
piel hecha durazno, brisa,  tiempo
como escarcha sobre el prado.


La hora del retorno quedará atrás
quién sabe hasta cuándo.
Retorno soñado
retorno amado
retorno a los brazos expectantes, cálidos y sueltos
que sin querer se extienden esperando el día
la noche
en medio de la lúgubre presencia que mata.


Tomado de. A PULSO DE MUJER

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