jueves, 17 de septiembre de 2015

ESCRIBIR ES ATESTIGUAR

ESCRIBIR ES ATESTIGUAR



NOTA: Las fotografías son solos eso, no responden necesariamente 
al contenido del texto.


Basta de conducir sobre una misma autopista y negar la presencia de quien nos acompaña, como si fuéramos extraños maleantes en medio de la noche.  Es el momento oportuno para abrirnos a la tierra de una forma clara, donde nuestros niños sean artífices de una historia y escultores de una realidad subyacente a la fascinación.

Hablo de la escritura como un proceso de confrontación, creación y recreación de un orden de establecido o campo que se abre a nuestros pies para ser besado y abastecernos de significados, sosegando así nuestro destino.

  Pero nada es más fácil que proferir un discurso de invitación a la lectura y a la escritura desde la experiencia íntima que nos han proporcionado los libros, las páginas en blanco y los recortes que resumen la vida.

Es imposible llegar al bolsillo de un niño con la frase que engaña y obliga, con la poca fe en lo acontecido en otras esferas y plasmado, sólo para que lea y lleve el estigma del hombre intelectual.  Necesitamos un maestro que convoque y se manifieste a través de nuevas estrategias para rastrear pieles desconectadas, un maestro que ame lo que hace.

No se induce a la lectura esbozando un cúmulo de medidas imperfectas que han nacido del olvido, sino demostrando con la mente clara y sin vacilaciones el sentimiento que nace en el corazón de un lector honesto y que ha logrado conciliar el sueño después de beberse la frase única y suficiente que remedia y facilita el próximo despertar.  

De esta manera el menor esfuerzo bastará para que nuestros niños lean atraídos por el eco de la convicción.


Es preciso consultar con nuestro interior y atrevernos a desarrollar pautas flexibles y espontáneas que conduzcan a la inventiva, sin miedo al fracaso.  Todo lo que se haga en pro de la comunicación y el entendimiento, admite pruebas, experimentos y derroches.

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