miércoles, 20 de julio de 2016

CUANDO ME HAGO POESÍA.



Desde que nace la mañana sólo puedo pensarme en versos, palabras, frases, conjuros, sortilegios, canciones, brebajes y pócimas poéticas porque un poema siempre será un camino de sanación. 
Me leo y me veo azul, empuñando siempre una imagen enraizada en letras, haciendo telares con promesas de viejos cantadores y ojos peregrinos a la espera de la noche en cualquier fortaleza o callejón.

Me leo entre embrujos medievales, edades prontas y antiguas, viejos romances que coquetean entre sí y se acercan para ser desposados bajo la luna.

Me leo entre lenguas que no comprendo, líricas de otros tiempos y serenatas en un pacto de esperanza por la vida.
La poesía te acoge, enciende tus fuegos y aunque no tiene respuestas, deambula entre promesas, altera tu razón, te anuncia el principio y a veces el fin, es confidente y fiel en lo inconfesable; con ella secreteamos.

Despertar un día sin esos azules y las sonrisas que hemos visto nacer, a los cuales hemos dado a luz sería la muerte.  Deambular entre fantasmas, comas, signos en redondo, finales felices o matizados por el delirio, es la forma imprecisa de matar la esperanza; por eso escribo entre olas, espumas y un poco de infiernos acogidos por la fe.

No es mucho lo que puedo decir de un poema nacido del alma, tan sólo escribo  porque así lo dicta mi espíritu entrañable y lo quiere la vida, de lo contrario estaría en otro lugar llenándome de imágenes tal vez, menos humanas.
Cuando me hago poesía traigo como bandera bodas de mil sueños en satín,  avisos en neón, coronas de laurel, coreografías de letras, cánticos, confesiones, declaraciones domésticas, refranes, adagios y cunas llenas de sábanas para cubrir un nuevo amanecer.

Cuando me hago poesía me siento lista, escapo, se levantan los candelabros y me dan paso al mundo, se levanta el haikú dorado, los provenzales hacen su fiesta y caigo presa del embrujo.

La necesidad de decir algunas cosas se hace cada vez más intensa y aunque a veces me escapo y me interno en otros paisajes, la palabra una vez más escarba en mi corazón y se hace fuego; no existe entonces otra manera de refrescar mi piel y escribo.  

Escribo poesía porque hacerlo es cooperar con la humanidad en la construcción de aquellos mundos posibles de los que se habla en otros espacios, valiéndose de la imaginación, la capacidad del retorno, de la llegada y el abandono de las cosas frívolas y simples hasta reconocer la profundidad de la existencia. Quiero que sepas que  quien escribe poesía puede fácilmente apropiarse de todo lo que existe sin límites.

Escribo porque sí, porque no, porque tal vez, por si de pronto; por el amor, la tristeza, el desasosiego y la ilusión de traerte de nuevo.


Tomado de: LAS PALABRAS Y YO
Claudia Patricia Arbeláez Henao
Colombia





2 comentarios:

  1. Claudita, tu eres hermosa poesia....."Cuando me hago poesia traigo como bandera bodas de mil suenos en satin,...." que bello.

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    1. Valoro inmensamente que me ofrezcas tu tiempo, ya sabes que este camino de escritura es un poco solitario ya que no hay muchos lectores en el medio. Bendiciones a ti y a tu familia.

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