jueves, 25 de agosto de 2016

¿POR QUÉ LEO? Tercera parte


Estuve cerca resolviendo enigmas, descifrando sueños mientras el 
hombre colgaba de la soga en el cementerio, después de asumir 
el reto de dar libertad a su corazón prisionero. Cada historia 
que contaba el espíritu me invitaba a soñar y fue así cómo descubrí la 
verdad acerca del amor  y la pasión que desborda el juicio en los seres 
de piel.

Pasé noches enteras en el ático, escondida y en silencio a la espera 
de gritos agudos y dolidos, pasos marcados por el afán y el lamento de 
los seres que aún no ha podido llegar a casa.

Me he convertido en ave, he mordido la manzana envenenada, he mirado 
a través del espejo desde que era una niña haciendo preguntas de dudosa 
estadía; he observado la mesa redonda con sus caballeros alrededor 
pensando en el destino de la humanidad. Estuve cerca cuando preguntaron 
al hombre de piel ajada cuál era su nombre verdadero y cómo los soldados 
vivieron a expensas de la duda por el resto de la vida, al comprender 
que no sabían a quién habían matado. Vi desde la terraza al pintor y 
a su discípulo escapar de la opresión mientras navegaban dentro, en la 
pintura que no cesaba de esperar.

Caminé de la mano fría y blanca del retratista de sombrero alado negro, 
hombre de vocación temprana, caricaturas y acuarelas, de mi Valle de 
San Nicolás al oriente de un sueño atrapado por las montañas. 
Eran tres esa noche, vestidos de oscuridad bajando la escalera en 
forma de caracol, venían buscando un lugar para beber de las horas, 
cada uno llevaba en su mano una copa de vino. El otro nictálope era 
el poeta azul, el de “una noche toda llena de perfumes, de murmullos 
y de música de alas… el tercer caminante en medio, conduciendo los 
pasos de estas almas”  señalando con su dedo el lugar esperado 
para hacer un banquete de poemas y trazos, cada uno dando de 
su alimento en tertulias de brillos y sombras. José Asunción y 
Ricardo venían a mi encuentro una vez más.

Leer me da la oportunidad de soñar, abrirme al mundo inconsciente, 
de aleteos reales o llenos de fantasía y me conmuevo. Puedo sentir 
como si estuviera allí, tomando del mismo oxígeno y escuchando las mismas 
canciones.


 Tomado de: LAS PALABRAS Y YO
Claudia Patricia Arbeláez Henao
Colombia

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